La profe pregunta: —Jaimito, ¿cuánto son dos más dos? —Lo mismo que dos más dos, señorita. —Muy listo... —Y usted muy preguntona.
Chistes de Jaimito, el más travieso de la clase
Jaimito es el personaje más famoso del humor en español: un niño listo y respondón que siempre deja con la palabra en la boca a la profesora. Estos son algunos de sus clásicos (versión apta para todos los públicos).
—Jaimito, ¿por qué llegas tarde? —Por un cartel, señorita. —¿Qué cartel? —Uno que decía: «Escuela, reduzca la velocidad».
—Jaimito, dime un animal que empiece por A. —¡A perro! —¿A perro? —Sí: ahí va el perro.
—Jaimito, conjuga el verbo caminar. —Yo... autobús. —¿Eso qué es? —Es que yo no camino, voy en bus.
—Papá, ¿me ayudas con los deberes? —No estaría bien, hijo. —Ya, pero inténtalo igual.
—Jaimito, dime una palabra que tenga muchas oes. —¡Goooool, profe!
—Jaimito, escribe una frase con la palabra «menos». —Mi padre dice que cada día tiene menos pelo. —Muy bien. —Y menos paciencia conmigo.
—Jaimito, ¿qué quieres ser de mayor? —Quiero ser como usted, profe. —¡Qué bonito! ¿Por qué? —Para trabajar solo unas horitas y tener vacaciones en verano.
—Jaimito, ¿en qué batalla murió Napoleón? —Creo que en la última, profe.
—Jaimito, pon un ejemplo de algo imposible de contar. —El número de veces que me ha castigado usted.
—Jaimito, ¿qué planeta va después de Marte? —El miércoles, profe.
— Jaimito, ¿sabes la carga del electrón? — Negativo. — ¿Y la del protón? — Tampoco.
— Jaimito, ¿cuánto es 2 x 2? — Empate. — ¿Y 2 x 1? — ¡Oferta!
— Jaimito, no sabía que tu padre estaba en México, ¿por qué está separado de tu madre? — Por el océano Atlántico.
— Jaimito, ¿en qué año se produjo la invasión de los Hunos? — ¿El año 1111?
— Jaimito, ¿cómo se llaman los que han nacido en México? — ¿Todos?
— Jaimito, ¿qué hacía Robin Hood? — Robar a los ricos. — ¿Por qué? — Porque a los pobres no podía quitarles nada.
— Jaimito, no sé escribir el número 33. — Es fácil, primero un 3 y después otro 3. — Sí, pero no sé cuál de los dos 3 se escribe primero.
— Jaimito, si digo «fui rica» es pasado, si digo «soy hermosa», ¿qué es? — Exceso de imaginación.
— Jaimito, ¿cuál es el masculino de oca? — Parchís.
— Jaimito, ¿qué planeta va después de Marte? — Miércole.
— Pepito, ¿qué da el peral? — Peras. — ¿Y el melocotonero? — Melocotones. — Jaimito, ¿el cedro da alguna fruta? — Claro, el cedro da «trocino».
— Jaimito, ¿cuál es el índice de mortalidad en Ghana? — ¿Será una muerte por persona?
— Jaimito, dime una palabra que empiece por «D». — Ayer. — Ayer empieza por «A». — Es que ayer fue domingo.
— Jaimito, dime el principio de Arquímedes. — La «A», señorita.
— Jaimito, dime cinco animales de África. — Cinco elefantes, señorita.
— Jaimito, conjuga el presente de indicativo de «caminar». — Yo camino, tú caminas, él camina... — ¡Más deprisa! — Nosotros corremos, vosotros corréis, ellos corren.
— Jaimito, ¿cuántas naranjas quedarán si tenemos diez y nos comemos cuatro? — Lo siento, profe, yo solo sé operar con manzanas.
— Jaimito, ¿quieres ir a la Luna? — No, señorita, mi mamá dijo que en cuanto salga de la escuela vuelva a casa.
— Jaimito, dime el presente de indicativo de «nadar». — ¡YO NADO, TÚ NADAS...! — Más bajito, Jaimito. — Yo buceo, tú buceas...
— Pepito, ¿por qué llegaste tarde? — Soñé que iba a la Polinesia y el viaje era tan largo que me desperté tarde. — ¿Y tú, Jaimito? — Yo fui a esperar a Pepito al aeropuerto.
— Jaimito, ¿cómo te imaginas la escuela ideal? — Cerrada, maestra.
— Jaimito, ¿qué cinco libros te llevarías a una isla desierta? — ¿Tengo que leer cinco libros?
— Jaimito, ¿por qué es famoso Colón? — Por la memoria. — ¿Por la memoria? — Sí, en su monumento pone «a la memoria de Colón».
— Jaimito, ¿qué es la A? — Una vocal. — ¿Y la K? — Una consonante que no se puede repetir.
— Jaimito, dime dos pronombres. — ¿Quién, yo? — Correcto.
— Jaimito, «llovía», ¿qué tiempo es? — Un tiempo muy malo, profe.
— Jaimito, ¿cuál es el futuro del verbo bostezar? — Dormiré.
— Jaimito, ¿de dónde sale la porcelana? — De las porceovejas.
— Jaimito, ¿has copiado el examen de Pedro? — No. — Sí, porque Pedro escribió «no lo sé» en la tercera pregunta y tú «yo tampoco».
— Pepito, ¿a cuántos grados hierve el agua? — A 90 grados. — Jaimito interrumpe: ¡Qué burro! Lo que hierve a 90 grados es el ángulo recto.
— Jaimito, ¿qué es un bastón? — Un paraguas sin vestido.
— Jaimito, dime cinco cosas que contengan leche. — Cinco vacas, señorita.
— Jaimito, dime tres cuadrúpedos. — Un perro, un gato y dos gallinas.
— Jaimito, ¿cómo se llama el animal que cambia de color? — El semáforo.
— Juanito, dime una palabra con varias «oes». — Goloso. — Pablo: Horroroso. — Jaimito: ¡Goooool!
— Jaimito, ¿por qué en invierno los días son más cortos y en verano más largos? — Porque el calor expande las cosas y el frío las contrae.
— Jaimito, ¿sabes nadar? — Sí. — ¿Dónde has aprendido? — En el agua.
— Jaimito, tu redacción «Mi perro» es igual que la de tu hermano, ¿la has copiado? — No, profe, es que tenemos el mismo perro.
— Jaimito, ¿cuántos corazones tenemos? — Dos: el suyo y el mío.
— Jaimito, ¿cuánto es 9 x 9? — Los que conocemos nuestras limitaciones solo sabemos hasta 9 x 1.
— Jaimito, ¿qué nombre se da a alguien que sigue hablando aunque nadie le interesa? — Profesora.
La profesora dice las vocales A, E, I, O y le falta una; Pedrito la repite; Jaimito abuchea: ¡UUUHHH!
— Jaimito, dime una palabra que empiece por M. — Cacerola. — ¿Dónde tiene la M? — En el mango.
— Jaimito, la «M» con la «A». — «MA». — Repetido. — Mama. — Con tilde. — Matilde.
La profesora castiga a Jaimito a escribir cien veces «No debo hablar en clase» y él escribe: «(No debo hablar en clase) x 100».
— Todos tenemos un pie más pequeño que el otro. — Yo al contrario, tengo uno más grande que el otro.
— El siglo XXI será el siglo de los adelantos. — Entonces, ¿por qué no nos adelantan las vacaciones?
— La cigüeña es un ave zancuda... — No nos venga con cuentos, profe, que ya sabemos que la cigüeña no existe.
— En esta clase el 50 % de los alumnos no sabe calcular. — ¡Pero si solo somos 25, profe!
— Señorita, ¿qué quiere decir «nothing»? — Nada. — Algo querrá decir, ¿no?
— Señorita, ¿qué quiere decir «why»? — ¿Por qué? — Por saberlo.
Un compañero le dice a Jaimito que escriba las tablas de multiplicar en el cuello de la camisa. Al día siguiente: — Dos por uno dos, tres por cuatro doce... cien por cien algodón.
— Jaimito, dígame qué mineral es este. — Es una piedra. (Los compañeros susurran: «Basalto, Jaimito, basalto»). — ¡¡¡UNA PIEDRAAAA!!!
Llega un profesor nuevo: — Mi nombre es Largo. — No se preocupe, profe, tenemos tiempo.
— Jaimito, ¿sabes qué es una orilla? — Sesenta minutillos, señorita.
— Jaimito, ¿cuántas anclas tiene un barco? — Once. — ¿Por qué once? — Porque siempre oigo decir «eleven anclas».
— Profe, usted no me castigaría por algo que no he hecho, ¿verdad? — Claro que no. — Estupendo, porque no he hecho los deberes.
— Jaimito, define «telepatía». — Aparato de TV para la hermana de mi mamá.
— Jaimito, ¿por qué los caracoles son lentos? — Porque tienen una casa muy pesada encima.
— Jaimito, ¿qué es la altura? — Cuando me subo a una silla para alcanzar las galletas que mamá esconde.
— Jaimito, ¿qué quieres ser de mayor? — Pintor. — ¿Qué te gustaría pintar? — Puertas, así siempre me quedo en el marco sin entrar a trabajar.
— Jaimito, ¿cómo te fue en el examen? — Muy bien, respondí todas las preguntas en silencio.
— Jaimito, ¿cuál es tu número favorito? — El 10, porque tiene el 1 y el 0.
— Jaimito, ¿qué es más rápido, un perro o un gato? — Un perro, porque tiene cuatro patas y el gato solo una «g».
— Jaimito, escribe «agua». — ¿Con gas o sin gas, profe?
— Jaimito, ¿cuántos sois en tu familia? — Nueve. — Pero me dijiste ocho. — Es que ahora contamos al perro.
— Jaimito, ¿de dónde viene la leche? — Del supermercado.
— Jaimito, ¿qué estás haciendo? — Masticando chicle. — Pásame un poco. — Lo siento, ya está masticado.
— Jaimito, tienes que estudiar más. — Profe, yo estudio con la mente.
— ¿Cómo mató David a Goliat, Jaimito? — Con una moto. — Será con una honda. — ¡Ah! ¿Pero quería usted la marca?
— A ver, Jaimito, ¿de qué signo es tu madre? — De exclamación, porque se pasa el día gritándome.
— Jaimito, ¿por qué llegas tan tarde? — Por el cartel que dice «Escuela cerca, vaya despacio».
— Seño, ¿por qué el examen no traía preguntas sobre su vida, si es de lo que más ha hablado en el trimestre?
— Jaimito, ¿quién fue Juana de Arco? — Una drogadicta. — ¿De dónde sacas eso? — El libro dice que murió por heroína.
— Jaimito, ¿por qué no trajiste paraguas? — Porque no sabía que iba a llover.
— A ver, Jaimito, ¿qué me dices de la muerte de Napoleón (o de Cervantes)? — Que lo siento mucho, señorita.
— Jaimito, ¿por qué llevas un calcetín verde y otro rojo? — No lo sé, pero tengo otro par igual en casa.
— Jaimito, ¿cuál es la última letra del abecedario? — La O. — Es la Z. — Qué va, profe, si no se llamaría «abecedarioz».
— Jaimito, ¿qué ocurrió en 1812 (o 1810)? — ¿Cómo quiere que lo sepa si no había nacido?
— Profe, ¿cómo se escribe «móvil»? — Como suena. — ¿Y si está en silencio?
— Jaimito, ¿cuál es el animal que es dos veces animal? — El gato, porque es gato y araña.
— Jaimito, ¿qué le dice un gusano a otro? — Me voy a dar una vuelta a la manzana.
— Jaimito, ¿qué has aprendido hoy en clase? — Pues no lo suficiente, mamá, porque tengo que volver mañana.
— Jaimito, si tienes 5 caramelos y le das 3 a tu amigo, ¿qué tienes? — Un amigo muy gordo.
— Jaimito, ¿qué piensas hacer de grande? — ¡Pues crecer, maestra!
— Jaimito, ¿qué es el futuro del verbo «robar»? — Cárcel, maestra.
— Profe, ¿por qué me puso un cero? — No acertaste ni una. — ¡Pero si puse bien mi nombre!
Dos madres hablando: — Dile a tu hijo que deje de imitar al mío. — Jaimito, ¡deja de hacer el idiota!
— Jaimito, ¿sabes inglés? — Yes. — Traduce: «Me gusta ir al gimnasio a tonificarme». — I like gin tonic.
— Jaimito, ¿por qué Bob Esponja no va al gimnasio? — Porque ya está cuadrado.
— ¿Es verdad que los peces grandes se comen a los pequeños? — Sí. — ¿Y también sardinas? — Sí. — ¿Y cómo abren la lata?
— Jaimito, si voy a la feria y me como 4 peras, 9 manzanas, 7 piñas y 12 plátanos, ¿cuál es el resultado? — ¡Dolor de barriga!
El pequeño Jaimito le pregunta a su padre: ¿Tonto se acentúa? — Con los años, hijo, con los años.
— Jaimito, ¿por qué estás jugando con un balón en clase? — Porque estoy practicando matemáticas.
— Jaimito, ¿sabes por qué las abejas zumban? — Porque no saben la letra.
— Jaimito, ¿qué hace una abeja en el gimnasio? — ¡Zum-ba!
La profesora pregunta qué ha pasado en 100 años que antes no existiera. Jaimito responde: — ¡Yo!
El compañero de Jaimito se duerme en clase. — Despierta a Luisito. — ¡Despiértelo usted, que es quien lo ha dormido!
— Jaimito, ¿cómo te salió el examen de Matemáticas? — Como a los del Polo Norte: de cero para bajo.
— Jaimito, si tengo 40 manzanas en una mano y 50 en la otra, ¿qué tengo? — Las manos muy grandes.
— Jaimito, ¿cuál es el santo de todas las frutas? — La Sandía.
— Maestra, si «car» es coche y «men» es hombres, ¿mi abuela Carmen es un Transformer?
— Jaimito, dime una frase con «paralelo». — Mis notas y las buenas están paralelas.
— Profe, me recuerdas al mar. — ¿Por qué? — ¡Porque me mareas!
— Jaimito, ¿qué le pediste a los Reyes Magos? — Que me sigan trayendo regalos.
En el cine: — ¿Entradas para niños? — ¡No, para el cine!
— Jaimito, dime una oración con «mañana». — Mañana no vengo a clase. — Eso no es una oración. — ¡Lo será mañana, cuando no me vea!
En el museo: — Esto tiene más de 2000 años. — Pues funciona mejor que mi móvil.
— ¿Quién fue Cristóbal Colón? — Un explorador. — ¿Qué descubrió? — Que la Tierra no era tan pequeña como pensaba.
— Jaimito, ¿qué aprendiste hoy? — Que me encanta estar en casa.
En clase de arte, Jaimito dibuja un reloj: — Quiero saber cuándo se acaba la clase.
— Jaimito, dime algo importante que sucedió en 1810. — ¿Que todavía no había nacido?
— Jaimito, ¿por qué no prestas atención? — Porque no me la pidieron.
— Corrige: «Llo boy haser la comida». — Fácil: «Invitemos a la abuela al restaurante».
— Jaimito, ¿dónde queda China? — En Asia, donde la dejé ayer.
— Jaimito, ¿quién escribió El Quijote? — Yo no fui, pero le ayudo a buscar al culpable.
— Jaimito, ¿quién pintó la Mona Lisa? — ¡Yo no fui, se lo juro!
— Jaimito, dame un ejemplo de proverbio moderno. — «El que madruga... se pasa el día con sueño».
En el examen: — Si tienes 5 manzanas y te doy 3 más, ¿cuántas tienes? — Ocho, pero no quiero más, con cinco me hago un batido.
— ¿Qué hay más rápido que la luz? — Mi mamá, cuando escucha que rompí algo.
— Jaimito, dime una palabra con cinco letras. — Fácil.
— Jaimito, ¿dónde está América? — En el mapa. — ¿Y el mapa? — En la mesa.
— Jaimito, corrige esta frase que incluya «cantar» y «pájaros». — A mi vecino le encanta cantar, pero mis pájaros se tapan los oídos.
— Jaimito, ¿cuántos huesos tiene el cuerpo humano? — Todos, profesora, todos.
Jaimito a la profesora: — Cualquier parecido entre mi trabajo y Wikipedia es pura coincidencia.
En el zoológico, la madre grita: ¡Aléjate de la jaula del león! — No te preocupes, mamá, no le voy a hacer nada.
— ¿De dónde vienes, tía? — Del salón de belleza. — ¿Estaba cerrado?
— ¿Quién le tiró la tiza al director? (la única pregunta que Jaimito supo responder en el examen).
— Jaimito, ¿la M con la A? — MA. — Repetido. — Mama. — Con tilde. — Matilde. (variante con Pepito preguntando)
— Jaimito, ¿qué opinas de la tecnología reemplazando al papel? — No, profe, no me veo limpiándome con un iPhone.
— Papá, ¿dónde está Rusia (o Canadá)? — Pregúntale a tu madre, que es la que guarda (esconde) todo.
— Mamá, ¿me das 2 euros para un pobre que grita en la calle? — Toma, ¡qué corazón! ¿Qué grita? — ¡Helados a 2 euros!
— Papá, ¿tú regañarías a un niño que no ha hecho nada? — ¡Claro que no! — ¡Menos mal, porque no he hecho los deberes!
— Mamá, ¿los caramelos de chocolate caminan por la pared? — No. — Entonces me he comido una cucaracha.
— Mamá, ¿los bombones tienen patas? — No. — Entonces me he comido una cucaracha.
— Mamá, hoy casi saco un 10. — ¿Por qué «casi»? — Porque se lo pusieron al niño de al lado.
— Papá, ¿por qué eres calvo? — Porque soy inteligente y pienso mucho. — Entonces, ¿tú por qué tienes tanto pelo? — ¡Cómete la sopa!
— Mamá, ¿los caramelos tienen ruedas? — No. — Entonces me he comido un autito.
— Mamá, en la escuela dicen que soy muy distraído. — Jaimito, vives en la casa de enfrente.
— Mamá, ¿en qué mano va este guante? — En la derecha. — ¿Y el otro?
— Mamá, no me esperes esta tarde. — ¿Por qué? — Porque ya llegué.
— Mamá, la comida está muy rica. — Pues repite, hijo. — Mamá, la comida está muy rica.
— Mamá, mi redacción ha conmovido a la maestra. — ¿De veras? — Sí, me dijo que daba pena.
— Mamá, hoy en la escuela hemos aprendido a hacer explosivos. — ¡Qué bien! ¿Y mañana qué aprenderéis? — ¿Qué escuela?
— Mamá, ¿qué tienes en la barriga? — Un bebé que me regaló tu padre. Jaimito corre hacia su padre: — ¡No le regales más bebés a mamá, que se los come!
— ¡Papá, papá! Jugué el mejor partido de mi vida, metí tres goles. — ¿Y cómo quedasteis? — Perdimos 2 a 1.
Jaimito enseña 100 euros encontrados: — ¿Seguro que alguien los perdió? — ¡Segurísimo, he visto al señor que los buscaba!
— Estás muy maquillada, tía, ¿para qué te pintas tanto? — Para estar más guapa. — ¿Y cuánto tarda en hacer efecto?
— ¿Es verdad que los peces grandes se comen a los pequeños? — Sí. — ¿Y sardinas? — Sí. — ¿Y cómo abren la lata?
— Mamá, en el cole me llaman Superman. — ¡Jaimito, otra vez te pusiste el calzoncillo encima del pantalón!
Tío, hoy estudiamos geometría. — ¿Qué son los ángulos? — Sonángulos son las personas que caminan dormidas.
— Mamá, en la escuela me dicen cotilla. — ¿Quién dijo eso? — Carmen, la hija de la vecina del quinto, que está con el vecino del tercero, que antes estaba con el dueño del quiosco...
— Hijo, me están saliendo muy caros tus estudios. — ¡Y eso que ni estudio!
— Papá, ¿dónde está Rusia? — Pregúntale a tu madre.
— Mamá, ¿por qué pones las manzanas en la ventana? — Porque hace un frío que pela.
— Mamá, no quiero jugar más al rompecabezas con Pepito. — ¿No sabe jugar? — Sí, ¡pero llora al primer martillazo!
— ¡Papá, los mosquitos quieren picarme! — Apaga la luz. (Entra una luciérnaga) — ¡Papá, vienen con linternas!
— Mamá, quiero un iPhone. — ¿Por qué? — Porque todos tienen uno. — Y si todos se tiran a un pozo, ¿tú también? — No, me quedaría con sus iPhones.
— Mamá, ¿puedo usar tu móvil? — ¡No sin mi supervisión! — ¡Perdón por no tener superpoderes como tú!
— Papá, ¿me acuerdas de que me ofreciste una bici si aprobaba? — Sí. — ¡Alégrate, no tendrás que comprármela!
— Mamá, en la escuela me dicen interesado. — ¿Quién? — Dame 5 euros y te cuento.
— Mamá, ¿por qué me pinto la cara de azul? — Mi novia se fue de verano y quiero estar a zu lado.
— Papá, ¿regañarías a un niño que no ha hecho nada? — No. — ¡Pues no he hecho los deberes!
— Mamá, tengo una noticia buena y otra mala. — ¿Cuál es la buena? — ¡Que he aprobado todo! — ¿Y la mala? — ¡Que es mentira!
— Papá, cuando sea mayor quiero ser como tú. — ¿Para trabajar tanto? — No, para dormir tanto como tú.
— Papá, cuando sea mayor quiero ser como tú. — ¿Por qué? — Para tener un hijo como yo.
— Mamá, ¿por qué falta una pata a la mesa? — ¡Para que mi sopa se mueva sola y no se enfríe!
— Mamá, ¿dónde guardaste la leche? — En el horno. — ¡Eso no tiene sentido! — Pues huele raro, pero no explota.
— Mamá, ¿qué hiciste hoy? — Nada. — Eso dijiste ayer. — Porque no he terminado.
— ¡Estás castigado! — ¿Cuánto tiempo? — Hasta que seas mayor. — Entonces es un contrato de por vida.
— Mamá, en el cole me tiraron del pelo. — ¿Qué hiciste? — Le dije que no me lo tire, que es natural y no se quita como un diente.
— Mamá, ¿por qué no sacaste al perro a pasear? — Porque no me dejó entrar en su casa.
— Mamá, ¿qué haces con el helado en la mano? — Esperando a que llegue el verano.
— Mamá, ¿has leído algún libro hoy? — Sí, pero no tenía dibujos.
— Mamá, ¿por qué no duermes? — Porque el fantasma no me deja. — No existen los fantasmas. — Eso es lo que quiere que creas.
— Mamá, ¿dónde están tus ganas de estudiar? — Se fueron de vacaciones.
— Papá, ¿por qué hay una «A» en el boletín si siempre suspendo? — Porque cambié «Tarea» por «Travesura».
— Mamá, ¿ese jarrón tan bonito de generación en generación? — Sí. — A la última generación se le cayó.
Jaimito le dice a su hermana, por orden de su madre: — Hermanita, siento que seas tan fea.
— Papá, ¿es cierto que en la India el hombre no conoce a su esposa hasta que se casan? — No hagas caso, eso pasa en todas partes.
— Mira, Jaimito, la Luna está llena. — ¿De qué?
— Jaimito, mira si funcionan los intermitentes. — Ahora sí, ahora no, ahora sí...
— Jaimito, pon un ejemplo de algo justo pero incorrecto. — Meterte el dedo en la nariz: te queda justo, pero es incorrecto.
— Jaimito, ¿de dónde se extrae el azúcar? — ¡Del azucarero, señorita!
— Jaimito, ¿para qué sirven las raíces cuadradas? — ¡Para hacer árboles más feos (o cuadrados)!
— Jaimito, ¿qué harías si te ahogaras en alta mar? — ¡Llorar para desahogarme!
— Jaimito, ¿por qué estudias con una bolsa de hielo en la cabeza? — ¡Para tener la mente fresca!
— Jaimito, dime dos palabras con tilde. — Matilde y Clotilde.
— ¿Por qué Jaimito va con traje y corbata al oculista? — Porque va a la graduación de sus gafas.
— Jaimito, ¿tu hobby favorito? — Frodo.
— Jaimito, ¿cuánto llevas ahorrado? — Ceromil Cerocientos Cerocero.
— Jaimito, ¿qué día hace hoy? — No tengo ni idea, ¡con tanta niebla no veo nada!
— Fíjate cuándo hierva la leche. (La cocina queda cubierta de nata) — ¿No te dije que te fijaras? — Sí, a las 10:23 exactamente.
— A ver, Jaimito, tres miembros de la familia de los roedores. — Papá roedor, mamá roedora y bebé roedor.
Jaimito entra en el autobús: — ¿Cuánto cuesta? — Un euro. — Bájense todos, que ahora mismo lo compro.
— Mi papá me compró un perro y sabe leer. (Ponen al perro frente al periódico) — ¿Qué dice? — Te dije que sabe leer, no hablar.
— ¿Quiere que le duerma las muelas? — Con tal de que se despierten para la cena...
En el avión, una azafata reparte chicles contra la presión. Al aterrizar: — ¿Y cómo me quito el chicle de las orejas?
— Dame al bebé. — Espera a que llore. — ¿Por qué? — Porque no sé dónde lo dejé.
— Jaimito, ¿cómo se llama el coche que no tiene ruedas? — «Parado».
— Jaimito, ¿por qué se extinguieron los dinosaurios? — Porque no tenían seguro de vida.
— Jaimito, ¿qué animal tiene siete vidas? — El gato. — ¿Y más vidas? — El gato zombie.
— Jaimito, ¿cómo te fue en el examen? — Como a los bomberos: siempre apagando incendios.
— Jaimito, ¿por qué no usas la bicicleta? — Porque prefiere caminar.
— Jaimito, ¿por qué no tienes lápiz? — Porque no quería venir a la escuela.
Papá: «¿tonto se acentúa?» — Con los años, hijo, con los años.
Jaimito copia en un examen mirando a Pepito: — ¿Puedo copiarte? — Sí, pero pon mi nombre al final, no quiero problemas.
— Pepito, si tienes 5 caramelos y Jaimito te pide 3, ¿cuántos te quedan? — Sigo teniendo 5, a Jaimito no le doy ni uno.
Jaimito y Pepito llegan tarde. — Pepito, ¿por qué? — Soñé que iba a la Polinesia. — ¿Y tú, Jaimito? — Fui a esperarlo al aeropuerto.
— ¿Qué queréis ser de mayores? — Pepito: rico y famoso. — Jaimito: ¡su representante, para quedarme con la mitad!
Jaimito y Pepito construyen una nave de cartón. — ¿Adónde vais? — Al espacio, a dejar los deberes en órbita.
— Pepito, ¿por qué respondiste el examen desde la última pregunta? — Porque Jaimito me copia y no quiero que se lleve las buenas.
En el museo del zoo: — Estos son monos capuchinos. — Jaimito: ¡Se parecen a Pepito cuando tiene frío!
Jaimito y Pepito se disfrazan en una fiesta: Pepito de «batería de móvil, se acaba rápido»; Jaimito de «señal de wifi, todos me buscan».
— Papá, ¿por qué Pepito conduce el coche si no tiene 10 años? — Para practicar e ir solo a la tienda de mayor.
— Jaimito, ¿qué significa «onomatopeya»? — ¿Onomato-qué? — Pepito: ¡Significa que no estudió anoche!
Pepito le dice a Jaimito que ha creado un robot que hace la tarea. — ¿Me lo prestas? — Sí, pero cobra por hora, acepta caramelos.
— Jaimito, ¿por qué estás despeinado? — Pepito me hizo un peinado nuevo. — Pepito: ¡Se llama «no tengo idea de lo que hago»!
Director: — Jaimito, Pepito, ¿saben por qué los llamé? — ¿Para darnos un premio? — No, porque rompisteis todas las reglas.
— Jaimito, ¿qué le vas a pedir a los Reyes Magos? — Cocaína, señorita. — ¡Los Reyes Magos no traen eso! — ¡Pero los camellos sí!
— Padre, quiero confesarme, le toqué las tetas a mi novia. — ¿Por encima o por debajo de la camiseta? — Por encima, padre. — ¡Qué tonto! Es la misma penitencia.
— ¿Los corazones tienen patitas, mamá? — Claro que no. — Entonces, ¿por qué papá te dice de noche «ábrete de patitas, corazón»?
— Mamá, ¿por qué no le dejas a papá usar la puerta de servicio? — ¿Por qué dices eso? — Porque cada noche le dices que por atrás no...
— Papá, ¿es verdad que eres muy sincero? — ¿Por qué? — Porque mamá dice: «cómo te pareces a tu verdadero padre».
Preguntas frecuentes
+ − ¿Quién es Jaimito?
Es el protagonista de una larguísima tradición de chistes en español: un niño travieso e ingenioso, normalmente en clase.
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